Reflexión en Preparación a la Cuaresma

«Cuesta entender la misericordia, estamos acostumbrados a juzgar»,

POPE/El Papa Francisco comentó en la misa matinal del lunes 17 de marzo la exhortación de Jesús: “Sed misericordiosos como vuestro Padre es misericordioso”.

El Papa señaló que “no es fácil entender esta actitud de misericordia”, porque estamos acostumbrados a juzgar: “No somos gente que dan
naturalmente un poco de espacio a la comprensión, a la misericordia”.
“Para ser misericordioso, necesitamos dos actitudes.

La primera es el conocimiento propio saber que ” hemos hecho tantas cosas malas: que somos pecadores”. Y delante del arrepentimiento, “la justicia de Dios… se transforma en misericordia y perdón”.
“Pero es necesario estar avergonzado de los pecados”. Es cierto, ninguno de nosotros ha matado a nadie, pero muchas pequeñas cosas, tantos pecados cotidianos, todos los días… Y cuando uno piensa: ¿Pero qué cosa, pero ese
pequeño corazón: ¡Lo he hecho contra el Señor!”. ¡Y avergonzarse! Vergüenza delante de Dios y esta vergüenza es una gracia es la gracia de ser pecadores. Soy un pecador y me avergüenzo delante de Ti y te pido perdón”. Es simple, pero es muy difícil decir: ´he pecado´”.
A menudo – dijo el Papa – justificamos nuestro pecado echándole la culpa a otros, como lo hicieron Adán y Eva.”Tal vez el otro me ayudó, ha facilitado la manera de hacerlo, ¡pero lo hice yo!. Si hacemos esto, ¿cuántas buenas cosas sucederán, porque ¡vamos a ser humildes!”.
Y “con esta actitud de arrepentimiento somos más capaces de ser misericordiosos, porque sentimos cerca de nosotros la misericordia de Dios”, como decimos en el Padrenuestro: “Perdónanos así como nosotros perdonamos”. Así, “si no perdono, ¡estoy un poco fuera del juego!”.

La otra actitud para ser misericordioso “es agrandar el corazón”, porque “un corazón pequeño” y “egoísta es incapaz de misericordia”. “¡Abre tu corazón!” ´Pero yo soy un pecador´. Pero mira lo que he hecho, esto, aquello…. ¡Yo he hecho tanto! ¿Quién soy yo para juzgar?” Con esta frase: “¿Quién soy yo para juzgar eso? ¿Quién soy yo para hablar más sobre
esto? ¿Quién soy yo, que he hecho lo mismo o peor?”. ¡El agrandamiento del corazón! Y el Señor dice: ¡´no juzguéis y no seréis juzgados! ¡No condenéis y no seréis condenados! ¡Perdonad y seréis perdonados!¡Dad y se os dará!´. ¡Esta generosidad de corazón! ¿Y qué se le dará?

Una buena medida, apretada, y rebosante, se vaciará en vuestro regazo. Y la imagen de las personas que iban a tomar el grano con el delantal y se amplió el delantal para conseguir más, más grano. Si tú tienes el corazón ancho, grande, puedes conseguir más”. El gran corazón “no condena, sino que perdona, olvida” porque “Dios se ha olvidado de mis pecados; Dios ha perdonado mis pecados. Ampliarel corazón… ¡Esto es bello! Sed misericordiosos”.

“El hombre y la mujer misericordiosos tienen un corazón ancho, ancho: siempre pidiendo disculpas a los demás y pensando en sus pecados. ´Pero ¿vio que hizo esto?´ ´¡Pero he tenido suficiente con lo que hice y no me meto!´. Este es el camino de la misericordia que tenemos que pedir. Si todos nosotros, si todos los pueblos, los individuos, las familias, los barrios, tuviésemos esta actitud, ¡cuánta paz habría en el mundo!, ¡cuánta paz en nuestros corazones!. Porque la misericordia nos lleva a la paz. Siempre recordéis: ´¿Quién soy yo para juzgar?´. Avergonzarse y agrandar el corazón. Que el Señor nos dé esta gracia.

Contribuido por: Kathy Asanza

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