8 de Julio – Celebración Ordenación Sacerdotal del P. Jose Kentenich

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Querida Familia de Schoenstatt:

El 8 de Julio se celebra un año más de la ordenación sacerdotal de nuestro fundador. Ofrezcamos nuestras oraciones por su pronta canonización.

Este texto nos cuenta sobre la ordenación sacerdotal del P. Kentenich (Tomado del libro: Los años ocultos, pag. 245 – 252)

La ordenación sacerdotal

8 de Julio, 1910

Una vez concedida la admisión definitiva, el seminarista Kentenich realizó la profesión solemne el 24 de septiembre de 1909. El 10 de octubre de 1909 fue ordenado subdiácono y el 28 de marzo de 1910, diácono. De ese modo comenzó su preparación próxima a la ordenación sacerdotal.

En la lista de invitados a la ordenación que le envió su madre, J. Kentenich marcó las personas que desea que participaran en ese solemne acontecimiento: Peter Josef Kentenich y su esposa, Franziska Kirsch con su familia, familia Greiss, familia de Heinrich Kentenich, de Brujas, los hermanos Sibilla y Hurbertus Blatzheim, de Gymnich, y sus hermanas: Christina Blatzheim de Schell y esposo, y Elisabeth Blatzheim de Schönau. Además J. Kentenich invitó a su prima, Katharina Peters de Holtermann, a su amigo de vacaciones de tantos años y primo en segundo grado, Peter Hesseler y al P. Savels, así como también a una Sra. Agnes de Colonia.

Mons. Heinrich Vieter lo ordenó sacerdote el 8 de julio de 1910, junto con otros siete confrates. Mons. Vieter había venido de Camerún a Europa para asistir al capítulo general. La ceremonia se llevó a cabo en la Casa de las Misiones de Limburgo. J. Kentenich había vivido desde su más tierna infancia para ese día.

Celebró su primera misa el 10 de julio en esa misma capilla, asistido por su Provincial, el P. Kolb. La homilía fue pronunciada por el P. Karl Stehr. Para la estampita recordatoria  de su primera misa, J. Kentenich eligió la oración:

Concede, Dios mío, que todos los espíritus se unan en la verdad y todos los corazones en el amor. Y más abajo: Sagrado corazón de Jesús en vos confío. Sagrado Corazón de María  sed la salvación mía

Verdad y amor son los dos valores fundamentales por los cuales había luchado durante su tiempo de juventud y seminario. Halló la solución para todos esos años de duras luchas en la unión armónica entre ambos, en su mutua referencia. Esa unión armónica le fue regalada por la Sma. Virgen. Al contemplar su vida posterior, las palabras de su estampita de primera misa parecen un preludio. La verdad y el amor se convierten en fundamento de su vida y en las fuerzas que sostendrán su fundación. Las invocaciones que se leen en esa misma estampita se dirigen a dos personas cuya inseparable unidad proclamó J. Kentenich durante toda su vida: Jesús y María.

Para su primera misa, su madre le regaló una cruz grande de madera, con una dedicatoria personal: “Querido José: Esta cruz te la regala tu madre para tu primera misa”.

En el noviciado, J. Kentenich había escrito como encabezamiento de su “Programa de vida”: Quien quiera seguirme, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame. Esta consigna determinó también su vida posterior. La cruz se convirtió para él en símbolo de elección y de particular seguimiento de Cristo. Contemplando la vida de su primo, Henriette lo expresó con las siguientes  y sencillas palabras: “José estuvo en la cruz desde la cuna hasta la tumba”.

A la luz de la cruz el P. José Kentenich desplegó su carisma especial. Dejó que sus anteriores experiencias de dolor se tradujeran creativamente en servicio a la misión que Dios le había confiado para los hombres de estos tiempos y que él había reconocido claramente. Así ayudó a incontables personas a llevar con alegría su cruz, brindando amparo y enseñando a valerse por sí mismos.

De ese modo llegó a ser un sacerdote maduro que ayudó a muchos para que tuvieran una experiencia más honda de la fe, para que alcanzaran una seguridad más profunda en las cosas de la fe. En ocasión de celebrarse el vigésimo quinto aniversario de su ordenación sacerdotal, dio el siguiente testimonio ante todo el Movimiento de Schoenstatt:

“Ojalá Dios les regale a las generaciones futuras tantas oportunidades de servir silenciosamente a las almas como lo he podido hacer yo. La riqueza más grande refluye sobre aquel que se esfuerza por poner todas sus fuerzas al servicio de las almas”. (11.8.1935)

Y en la misma conferencia declara:

“Sí, también sé y admito con gusto que hay pocas vidas sacerdotes tan extraordinariamente bendecidas como lo fue la mía. Lo que yo he llegado a ser, lo que se ha generado a través de mí y lo que se ha generado a través de ustedes, se ha generado por obra de nuestra Madre tres veces Admirable de Schönstatt” (11.8.1935)

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