Invitacion Santa Misa – Viernes Primero de Enero a las 4 pm

Santuario Miami

Santuario Miami

FAMILIA DE SCHOENSTATT,  AMIGOS, PEREGRINOS :  CON MUCHA ALEGRIA LES INVITAMOS A LA SANTA MISA QUE MONSEñOR FERNANDO ISERN CELEBRARA EN NUESTRO SANTUARIO EL DIA VIERNES PRIMERO DE ENERO, 2016.

LES ESPERAMOS A LAS 4 P.M.  DEMOS GRACIAS A LA MATER POR SU AMOR Y PONGAMOS EN SUS MANOS TODOS NUESTROS ANHELOS Y PETICIONES PARA EL NUEVO AñO.

Adjunto parte de una Homilia de su Santidad, el Papa Emerito Benedicto XVI dada en 2008 en que nos explica porque la Iglesia celebra y dedica el primer día de cada año a la Virgen bajo el titulo : Maria Madre de Dios.  Además ese día se reza por la paz del mundo.

 

PRIMERO DE ENERO :  MARIA MADRE DE DIOS

 

Hoy comenzamos un año nuevo y nos lleva de la mano la esperanza cristiana. Lo comenzamos invocando sobre él la bendición divina e implorando, por intercesión de María, Madre de Dios, el don de la paz para nuestras familias, para nuestras ciudades y para el mundo entero……………

 

Nuestro pensamiento se dirige ahora, naturalmente, a la Virgen María, a la que hoy invocamos como Madre de Dios.  San Lucas refiere que, ocho días después de su nacimiento, el Niño fue circuncidado y le pusieron el nombre de Jesús, “el que le dio el ángel antes de ser concebido en el seno de su madre” (Lc 2, 21). Por tanto, esta solemnidad, además de ser una fiesta mariana muy significativa, conserva también un fuerte contenido cristológico, porque, podríamos decir, antes que a la Madre, atañe precisamente al Hijo, a Jesús, verdadero Dios y verdadero hombre.

 

Al misterio de la maternidad divina de María, la Theotokos, hace referencia el apóstol san Pablo en la carta a los Gálatas. “Al llegar la plenitud de los tiempos —escribe— envió Dios a su Hijo, nacido de mujer, nacido bajo la ley” (Ga 4, 4). En pocas palabras se encuentran sintetizados el misterio de la encarnación del Verbo eterno y la maternidad divina de María:  el gran privilegio de la Virgen consiste precisamente en ser Madre del Hijo, que es Dios.

 

Así pues, ocho días después de la Navidad, esta fiesta mariana encuentra su lugar más lógico y adecuado. En efecto, en la noche de Belén, cuando “dio a luz a su hijo primogénito” (Lc 2, 7), se cumplieron las profecías relativas al Mesías. “Una virgen concebirá y dará a luz un hijo”, había anunciado Isaías (Is 7, 14). “Concebirás en tu seno y darás a luz un hijo” (Lc 1, 31), dijo a María el ángel Gabriel. Y también un ángel del Señor —narra el evangelista san Mateo—, apareciéndose en sueños a José, lo tranquilizó diciéndole:  “No temas tomar contigo a María tu mujer, porque lo engendrado en ella es del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo” (Mt 1, 20-21).

 

El título de Madre de Dios es, juntamente con el de Virgen santa, el más antiguo y constituye el fundamento de todos los demás títulos con los que María ha sido venerada y sigue siendo invocada de generación en generación, tanto en Oriente como en Occidente. Al misterio de su maternidad divina hacen referencia muchos himnos y numerosas oraciones de la tradición cristiana, como por ejemplo una antífona mariana del tiempo navideño, el Alma Redemptoris Mater, con la que oramos así:  “Tu quae genuisti, natura mirante, tuum sanctum Genitorem, Virgo prius ac posterius”, “Tú, ante el asombro de toda la creación, engendraste a tu Creador, Madre siempre virgen”.

Queridos hermanos y hermanas, contemplemos hoy a María, Madre siempre virgen del Hijo unigénito del Padre. Aprendamos de ella a acoger al Niño que por nosotros nació en Belén. Si en el Niño nacido de ella reconocemos al Hijo eterno de Dios y lo acogemos como nuestro único Salvador, podemos ser llamados, y seremos realmente, hijos de Dios:  hijos en el Hijo. El Apóstol escribe:  “Envió Dios a su Hijo, nacido de mujer, nacido bajo la ley, para rescatar a los que se hallaban bajo la ley, y para que recibiéramos la filiación adoptiva” (Ga 4, 4-5).

 

El evangelista san Lucas repite varias veces que la Virgen meditaba silenciosamente esos acontecimientos extraordinarios en los que Dios la había implicado. Lo hemos escuchado también en el breve pasaje evangélico que la liturgia nos vuelve a proponer hoy. “María conservaba todas estas cosas meditándolas en su corazón” (Lc 2, 19)………………..

 

En la escuela de María podemos captar con el corazón lo que los ojos y la mente por sí solos no logran percibir ni pueden contener. En efecto, se trata de un don tan grande que sólo con la fe podemos acoger, aun sin comprenderlo todo. Y es precisamente en este camino de fe donde María nos sale al encuentro, nos ayuda y nos guía. Ella es madre porque engendró en la carne a Jesús; y lo es porque se adhirió totalmente a la voluntad del Padre. San Agustín escribe:  “Ningún valor hubiera tenido para ella la misma maternidad divina, si no hubiera llevado a Cristo en su corazón, con una suerte mayor que cuando lo concibió en la carne” (De sancta Virginitate 3, 3). Y en su corazón María siguió conservando, “poniendo juntamente”, los acontecimientos sucesivos de los que fue testigo y protagonista, hasta la muerte en la cruz y la resurrección de su Hijo Jesús.

 

Queridos hermanos y hermanas, sólo conservando en el corazón, es decir, poniendo juntamente y encontrando una unidad de todo lo que vivimos, podemos entrar, siguiendo a María, en el misterio de un Dios que por amor se hizo hombre y nos llama a seguirlo por la senda del amor, un amor que es preciso traducir cada día en un servicio generoso a los hermanos.

 

Podemos estar seguros de que, si buscamos sin descanso su rostro, si no cedemos a la tentación del desaliento y de la duda, si incluso en medio de las numerosas dificultades que encontramos permanecemos siempre anclados en él, experimentaremos la fuerza de su amor y de su misericordia. El frágil Niño que la Virgen muestra hoy al mundo nos haga agentes de paz, testigos de él, Príncipe de la paz. Amén.

QUE LA MATER LES BENDIGA

KATHY Y LUIS

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