La Sagrada Familia

La sagrada familia

La sagrada familia

Esta semana ( 28 de Diciembre ) hemos celebrado el día de la Sagrada Familia. Hemos contemplado de nuevo a María, a José y al Niño. Hemos vuelto la mirada de Belén a Nazaret: «Se volvieron a Galilea, a su ciudad de Nazaret. El niño iba creciendo y robusteciéndose, y se llenaba de sabiduría; y la gracia de Dios lo acompañaba». Y hemos pensado en esos años de silencio, de vida oculta, de crecimiento en la sombra.

El P. Kentenich comentaba: «Meditemos alguna vez por qué el Señor estuvo treinta años de su vida dentro de su familia. ¡Treinta años! Podría haber predicado antes de los treinta. ¡Qué no hacen nuestros hijos antes de los treinta! Y el Señor, ¿qué hizo durante esos treinta años? Tenía una cosa clara: ¡Se trata de la familia!» Jesús invirtió su vida con sus padres, con sus familiares, en Nazaret. Su familia no fue una etapa breve, una parada en el camino, un accidente en su vida. No fue un paso obligado ni una circunstancia más en su devenir evangelizador. Cristo vivió con María y José. Cuidó a sus padres y se dejó cuidar por ellos. Aprendió de ellos, se dejó educar. Maduró a su lado y aprendió a obedecer. Y, mientras, iba creciendo en profundidad de vida, en oración, en amor a su Padre del cielo. Iba preparando su corazón para la gran misión de su vida. La familia era su gran prioridad. Colocó en el centro lo importante. Y nosotros, ¡Cuántas veces descuidamos lo esencial! ¡Cuántas veces La familia se construye sobre la base de un amor que se dona a los demás no es solamente una ley de deber, sino también una ley de felicidad». En la medida en que no nos buscamos, sino que buscamos el bien de los demás, nuestra familia crece.

Pensar en la Sagrada Familia es pensar en el amor matrimonial de José y María. Pensamos en la grandeza de ese amor puro y grande. Decía el P. Kentenich: «Tenemos que aprender a sobrellevarnos, aprender a complementarnos mutuamente, a afirmar lo noble del otro y aprender a entender sus debilidades»8. Y añadía: «La autenticidad del amor se tiene que mostrar en el sacrificio, no sólo en el trabajo, sino también en el saber soportar y sobrellevar» . El amor ha de cuidarse para que no se enfríe y ha de buscar el bien del tú. El amor exige siempre nuestro sacrificio, nuestra renuncia. Cuando buscamos sólo nuestro interés, y pensamos sólo en nuestra felicidad, surgen dudas egoístas como leía hace poco: «Creemos que el gran amor nos espera afuera del vínculo y no en la cotidianidad del mismo. Hasta que el gran amor se hace, a su vez, cotidiano, real, y se desgasta» El amor real ha de hacerse cotidiano pero tenemos que superar el peligro del enfriamiento. No basta un amor festivo, de domingo, hay que aprender a amar en la cotidianeidad de nuestra vida. Por eso hoy, cuando pensamos en la Sagrada Familia, queremos renovarnos en nuestro amor familiar, en la calidad de nuestros vínculos. El amor es donación, es regalarse, como leía hace poco: «Es regalarse a los demás con nuestro tiempo, nuestro talento, nuestra sonrisa, nuestra compañía, nuestro cariño, nuestra comprensión, nuestro apoyo, nuestro silencio, nuestro esfuerzo y, sobre todo, olvidándonos de nosotros mismos y pensando más en los otros».

En la medida en que la familia crece sanamente, todos sus miembros irán encontrando un lugar en el que crecer y encontrar su camino. Hoy nos preguntamos sobre la calidad y calidez de nuestros vínculos personales. Hay relaciones que se van enfriando, vínculos que descuidamos por las prisas de la vida. Queremos hacer un examen de conciencia y pensar dónde podemos darnos más, dónde tenemos que entregar más amor. En estas fiestas Navideñas nos preguntamos: ¿Cómo están nuestros vínculos fraternos? ¿Y la relación con todos nuestros hijos? ¿Y con nuestros padres? ¿Cómo cuidamos nuestra familia?

(Tomado de una Homilia del Padre Carlos Padilla )

Deseamos que la Mater de muchas bendiciones a ustedes y sus familias. FELIZ 2017.

Luis y Kathy Asanza

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